
Al terminar la celebración del sábado de gloria nos encontrábamos guardando lo utilizado en la ceremonia cuando una de los hijos de los coordinadores del ministerio de alabanza se acercó a el cirio y lo movió y una buena cantidad de cera cayó sobre su cabeza, mi esposo de inmediato le puso las manos en la cara para que la cera no fuera a quemarlo y subió las manos de manera que todo el cabello le quedó cubierto de cera haciéndole un peinado que causó bastante gracia.
No cabe duda de que quien se acerca a la luz de Cristo, definitivamente no se va igual.